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Bagre y bocachico, las especies más amenazadas por la sobrepesca en Colombia

Por Equipo Hanna | Hace 1 semana 4 días en Noticias | Comentarios

El biólogo Mauricio Valderrama señaló que la acelerada degradación de los hábitats, así como la minería, la generación hidroeléctrica, la erosión y la contaminación, son otros factores que han contribuido a que estas especies estén ahora en riesgo.

La pasión de Mauricio Valderrama por la vida acuática y el comportamiento de las poblaciones de peces empezó desde que era niño. Su padre trabajaba en el departamento caribeño de Córdoba, en Colombia, y toda su infancia vivió entre pescadores en el golfo de Morrosquillo.

En ese momento solía pescar caracoles y empezó a hacerse preguntas como: ¿qué tanto caracol podía sacar?, ¿podía pescar lo que quisiera o tenía que dejar algo? Esas inquietudes lo llevaron, años más tarde, a estudiar Biología Marina.

Una vez culminada su carrera universitaria decidió trabajar con peces y no ha dejado de interesarse por los pescadores, pues está convencido de que es necesario mejorar su calidad de vida y vincularlos a las estrategias de conservación que se quieran implementar para que sean efectivas.

Su trabajo con peces ha sido reconocido en las diferentes entidades con las que ha trabajado: el antiguo Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (INPA); el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), que luego se convertiría en el Ministerio de Ambiente; la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y la Fundación Humedales, organización que fundó hace casi 20 años. Valderrama es hoy uno de los ictiólogos más reconocidos de Colombia.

Usted estudió Biología Marina, ¿cómo terminó trabajando con peces de agua dulce?

Mauricio Valderrama (M.V.): Es más fácil investigar los peces de agua dulce. No necesito barcos ni grandes equipos. Solo necesito a los pescadores, tener unos canaletes y una atarraya. Con eso ya puedo conseguir mis muestras. Trabajar en el mar es mucho más costoso, no siempre hay los recursos.

¿Exactamente qué es lo que usted estudia en los peces?

M.V.: Mi especialidad es la dinámica de poblaciones de peces, conocer qué especies hay, sus condiciones, dónde habitan, cuánto crecen, qué comen, cuántas toneladas de pescado se puede producir sin que la especie se deteriore, además de conocer las medidas de manejo, cómo conservarlos y protegerlos.

¿Cuáles son las principales amenazas que enfrentan los peces de agua dulce en Colombia?

M.V.: Los humedales son los ecosistemas más amenazados del mundo, están desapareciendo aceleradamente y ese es el principal problema. El hábitat de los peces se está degradando, especialmente en las planicies inundables.

Yo diría que la alteración de las ciénagas, la regulación de los ríos y sus problemas por minería y generación hidroeléctrica son las principales amenazas.

Acaba de mencionar que las hidroeléctricas son una de las principales amenazas, ¿cómo afectan la dinámica de los peces en los ríos colombianos?

M.V.: Es un problema que tenemos los países en desarrollo. Para salir de la pobreza tenemos que gastar energía y una de esas fuentes son las hidroeléctricas. Lo que se necesita es que el desarrollo hidroeléctrico del país se haga con visión de cuenca y de una forma integral. Que los nuevos embalses se hagan en las zonas intervenidas y respetemos las que no lo están.

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Las hidroeléctricas son un problema muy grande para los ríos. El Ministerio de Ambiente y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) deben tener una visión de cuenca para la aprobación de nuevas licencias ambientales para estas obras.

¿Qué tan grave es lo que ocurrió hace unos meses con Hidroituango, cuando el río, aguas abajo del proyecto, quedó prácticamente seco durante una semana?

M.V.: Se generó un proceso de alteración en la dinámica de los peces en el río Cauca y afectó todo el proceso social de la gente que hace uso de ellos. Lo que hay que hacer es evitar situaciones como la de Hidroituango y en este caso resolver el problema porque la hidroeléctrica ya está.

Cuando uno interviene un río hay cosas que ya no pueden volver a su estado natural, son impactos irreversibles. El Estado está en la obligación de generar procesos de evaluación de los problemas, generar medidas de mitigación, compensación y ordenación aguas abajo del río Cauca.

¿Por qué es importante trabajar con los pescadores cuando se hace conservación de peces?

M.V.: El pescado es un recurso natural que es un bien común, es decir, que es de todos. Además, es de acceso abierto. Esto lo convierte en un recurso estratégico porque alguien lo está usando, pero esa misma condición lo hace vulnerable.

Conservar los peces es una de las tareas más prioritarias y urgentes que hay. Nadie que vive en las riberas de un río como el Magdalena [el más grande e importante de Colombia] tiene problemas de desnutrición, lo mínimo que necesitan lo obtienen de la pesca.

Los pescadores son los menos interesados en que el pescado se acabe y es importante trabajar con ellos porque nos aportan información y son ellos los que tienen que participar en los procesos de conservación.

¿Qué problemas enfrenta la pesca en ríos y ciénagas?

M.V.: El pez no es carismático y el pescador es invisible para el país, para las administraciones. Es increíble como para los mismos municipios ribereños el pescador no existe. Una de las tareas enormes es visibilizarlo. Un investigador no puede trabajar sin los pescadores, sin ellos no tendríamos acceso al conocimiento real de los peces.

¿Cuáles son las especies y zonas más críticas?

M.V.: Por ejemplo, la cuenca del Magdalena es rica en pesca, hay cerca de 240 especies, de las cuales 45 son sujetas de aprovechamiento. De esas 45, cinco aportan cerca del 70% de la producción pesquera y entre esas está el bagre rayado del Magdalena (Pseudoplatystoma magdaleniatum) y el bocachico (Prochilodus magdalenae), seguido de otras como el blanquillo y el capaz.

Tanto el bagre como el bocachico tienen cierto grado de amenaza porque tienen mucha presión de pesca, pero también porque sus ambientes se están deteriorando mucho. Esas son las dos especies que hay que conservar a como dé lugar en la cuenca.

Precisamente, una de la especies con la que usted más trabaja es el bagre, ¿cuáles son esos momentos clave donde hay que intervenir para garantizar la supervivencia de la especie?

M.V.: El bagre es la especie de mayor tamaño en la cuenca del Magdalena, puede llegar a medir hasta metro y medio. Además, es la especie de mayor valor pues se estima que al año genera más de 80.000 millones de pesos (casi 25 millones de dólares) en su primera venta (es decir, sin contar las ventas de intermediarios a mayoristas y consumidores finales).

El bagre se cría en las ciénagas, sale en las épocas de verano, sube por el río y se reproduce en él. Los huevos fecundados bajan por el río entre 12 y 20 horas, se incuban y luego las larvas entran a la ciénaga, donde se quedan hasta los 3 años de edad, hasta que tienen entre 60 y 70 cm de longitud. En ese momento salen de nuevo al río y se transforman en adultos, teniendo su principal periodo de reproducción y comienza nuevamente el ciclo. La diferencia es que los adultos ya nunca vuelven a las ciénagas.

Su situación actual motiva dos estrategias clave para su conservación. La primera es proteger las áreas de cría, el bagre pequeño crece en las ciénagas y hay que cuidarlo ahí. La otra estrategia es cuidar su época de reproducción. Si logramos hacerlo tendremos bagre para mucho tiempo.

Al proteger al bagre, ¿qué otras especies se están beneficiando?

M.V.: El bagre es una especie sombrilla. Lo que hagamos con él redunda en el bienestar de las otras especies de las que se alimenta como el bocachico, la mojarra y el mocholo o taraira.

Si el bagre disminuye o desaparece, ¿qué cambios se pueden dar en ese ecosistema?

M.V.: El bagre es carnívoro y por lo tanto ejerce un control natural para muchas especies que son su presa. Si él no existiera empezarían a abundar otras especies que podrían transformar todas las relaciones de las comunidades de peces, pues no habría quién las controle. Habría un cambio en la estructura de la comunidad de peces tan grave que podría cambiar todo el proceso de pesca en la cuenca.

Además, se daría un gravísimo problema social. En el Magdalena es la única especie que tiene una pesquería especializada, hay pescadores que sólo pescan bagres. Los demás pescadores pescan diferentes especies.

También es importante considerar que si el bagre desaparece no lo hará por culpa de la pesca. El pescador contribuye a afectar las poblaciones pero no va a extinguir la especie. Lo que podría pasar es que las condiciones ambientales se hayan agravado y antes de que desaparezca el bagre, desaparecerán muchas otras especies.

¿Cómo ha sido la articulación entre conservación, pesca y la participación del sector público?

M.V.: La principal limitante es creer que todos los problemas vienen del pescador. La minería, la agroindustria, la ampliación de la frontera agrícola, entre otros, son problemas enormes en los que hay que trabajar. Resolver los problemas de la pesca es algo complejo porque hay muchos actores, muchas instituciones involucradas y coordinarlos y articularlos para obtener resultados es quizás lo más difícil de hacer.

Lea la nota original Mongbay

Fuente: Semana Sostenible

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